jueves, 17 de diciembre de 2009

La Estrella de Nieve


El otoño dio paso al invierno y el frío volvió a envolver las calles y plazas del pueblo. El final del calendario se acercaba y Javier estaba contento, porque sabía que en pocos días volvería a ver brillar la gran estrella que coronaba su árbol, y que su abuelo, como todos los años, volvería a contarle cómo se hizo de aquella estrella cuando la mamá de Javier era sólo una niña…
Se acercaba la Navidad y Javier pegaba su carita a los cristales del gran salón, le encantaba dejar empañados los cristales, y dibujar después en ellos, le encantaba salir con su abuelo a pasar esos días de Navidad, las calles tenían un olor especial a panecillos calientes, canela y limón. El abuelo de Javier a la mañana siguiente levantó temprano al pequeño, para decorar el gran árbol que decoraría esos días el salón. Los dos, abuelo y nieto, muy contentos e ilusionados, colocaban luces, bolas plateadas y adornos de los innumerables países que el abuelo y su madre habían visitado, cuando todos los adornos y luces estaban colocados dijo el abuelo: “Javier súbete a la escalera y corona él árbol”, el pequeño cogió la gran estrella y la puso en lo alto del árbol, terminando así su colocación . Cuando todo terminó de guardarse, se sentaron junto al árbol al lado de la chimenea y Javier dijo: “abuelo, cuéntame la historia de cómo te hiciste de la gran estrella del árbol”.
El abuelo todo orgulloso y rodeado de toda su familia comenzó diciendo: “tu madre era muy pequeña, ¿lo recuerdas hija?” Y la hija contestó; “cómo olvidarlo papá, pero cuéntalo”…”eran otros tiempos y no había tantas cosas como ahora, pero nosotros siempre adornábamos un pequeño arbolito de Navidad, poníamos bolas y cintas de colores, pero nunca encontramos la estrella que buscábamos y la hacíamos de cartón, la coloreábamos o la forrábamos de papel de plata, así un año y otro”.
“Tú madre, cuándo llegaba la Navidad y se acercaba el día de decorar el árbol, se ponía muy triste porque sabía que la estrella no estaba y un año más tendríamos que hacerla. Ese año cuando nos marchamos a descansar, yo me levanté y salí al porche, comenzaba a nevar, los copos eran tan suaves, que se podía ver la estrella que forman al caer. Pensé… si pudiese coger una para mi árbol, mi hija sería tan Feliz …y cerré los ojos y lancé un deseo y entré en casa pues el frió comenzaba a helarme los huesos”.
“A la mañana siguiente, cuando colocábamos los regalos junto al árbol y la abuela hacía la comida y los dulces pude darme cuenta que había un paquete que nadie había puesto, claro, no podía abrirlo hasta la noche de Navidad”…
- “¡Abuelo!”, interrumpió el pequeño Javier que comía una jugosa galleta en forma de muñequito que todos los años cocinaba con la abuela, “¿porqué no lo abriste y luego lo cerraste otra vez?”
- “Porque no tenía tarjeta y por lo tanto no era mío, hasta que el nombre apareciera en el paquete. Esperamos muy impacientes la noche de Navidad, con la peculiaridad de que la estrella que hizo tu madre ese año se caía cada vez que la colocábamos y ella se entristecía aun más”.
“Todas las noches pedía mi anhelado deseo y cuando llegó la noche de Navidad, cada uno abrió sus regalos y aquel regalo sin nombre quedó bajo el árbol. Decidimos abrirlo y pensamos hacerlo por turnos, primero la abuela pero el paquete no se abría, parecía hermético, después lo intenté yo y tampoco tuve éxito y cuando tu madre lo cogió entre sus manitas comenzó a moverse y todos nos quedamos perplejos porque al quitar la tapa una preciosa estrella, como los copos de nieve subió hasta el árbol. Brilla tanto porque es de cristal, por este motivo la guardamos con tanto cuidado y le damos este trato tan especial.
Así fue como me hice de la estrella que corona cada año nuestro árbol”.



Este cuento tiene una dedicación muy especial.
Esta dedicado al abuelo Paco, mi padre, que es la estrella que nos ilumina, para que en nuestros corazones sea siempre Navidad
Para mi hijo Javier, por la unión tan bonita que tenia con su abuelo y por ser la luz de nuestra esperanza
Y como no a mi hermana Pilar porque sin ella mi Navidad no tendría sentido.
Os kiero, Nati.



FELIZ NAVIDAD PARA TODOS-AS.

La Navidad es la sonrisa de un niño

Al calor del hogar.

Es tiempo de compartir.


Las cosas cotidianas

Momentos navideños

Al calor del hogar, de mi hermana Pilar.

martes, 8 de diciembre de 2009

La semilla de Navidad


Nevaba y todas las calles tenían ese olor tan peculiar, era Navidad, porque la Navidad huele... ¿nunca lo habéis notado?, huele a frío, a pan caliente, a troncos quemados, la Navidad huele a Paz. Todo el mundo andaba muy ajetreado por aquellos días, con las compras de regalos, cintas de colores, comida en abundancia... Como cada año se talaban árboles para llevarlos a las casas y adornarlos con vivos y brillantes colores, colgarles figuritas y coronarlos con la gran estrella de Oriente, al llegar la noche todas sus luces de colores iluminan los salones de las casas, aunque hay siempre algunas que quedan por iluminar...Sólo había una preocupación en el corazón de aquellas personas y era la compra de árboles, regalos y vestidos o tener una gran mesa repleta de comida y golosinas, para su cena y la de sus amigos, que tienen sus mesas tan repletas como las suyas...
Pero el Espíritu de la Navidad, el que debe reinar en nuestros corazones todos los días de nuestra vida, había desaparecido, incluso en los días que antes era recordado, y ¿sabéis por qué?, porque todos estamos demasiado preocupados por las cosas materiales y por nosotros mismos.
Un grupo de niños que jugaban en un parque, ajenos a la agitación que reinaba en la ciudad por aquellos días, vieron que uno de los árboles del parque lloraba desconsoladamente mientras sus hojas caían sin parar.
Muy despacio, tímidamente, se acercaron a él.
-” ¿Qué te ocurre?”, preguntaron con voz entrecortada e inocente, como sólo los niños saben hacerlo.
-”Yo”, dijo el árbol sollozando, “era el Espíritu de la Navidad pero, poco a poco, me estoy muriendo porque nadie me recuerda y lo que no se recuerda se muere.
-” ¿Qué es el Espíritu de la Navidad?”, preguntó una voz pequeña y pecosa.
Y con las pocas fuerzas que le quedaban comenzó a decir: “Hace muchos, muchos años, nació en la tierra un niño al que llamaron Jesús, este niño era el Hijo de Dios, nació en un pesebre y por ser Hijo de Dios llenó todo el mundo de luz, tres reyes de oriente vinieron a ofrecerles regalos que fueron oro, incienso y mirra... entonces se celebró una gran fiesta que aún hoy se sigue celebrando. Pero las cosas han cambiado.
-” ¿Por qué?”, preguntó otra vocecilla.
-”No hace mucho tiempo, cuando en los pueblos y las ciudades no existían las luces de neón y las calles eran lugares transitables donde se podía jugar y pasear, el Espíritu de la Navidad habitaba entre nosotros.
-” ¿Cómo era la Navidad?”,” ¿Cómo era la Navidad?”, repetían una y otra vez aquellas caritas curiosas y sonrojadas por el frío.
-”Pues en cada casa, cuando se acercaba la Navidad, toda la familia colaboraba preparando el Portal de Belén, en memoria del niño Jesús, con cartones y cajitas se hacían las casas, con un viejo espejo el río, con maderitas y paja los chozos, con hierba de los caminos y con piedras de la fragua las montañas... desde el más pequeño al mayor participaban en esta tradición, sacaban las zambombas y panderetas y se preparaban para la noche de noche buena. Las abuelas preparaban ricos buñuelos y judías con bacalao y los abuelos se disponían a contar cuentos. Todavía recuerdo el olor de la harina tostada o la tierra mojada, eran aromas de casa, aromas de Navidad. Cuando llegaba la ansiada noche todos se reunían en la misa del Gallo y a la salida cada familia cenaba al calor del hogar. Cantaban villancicos y se sentaban alrededor del abuelo que contaba cuentos hasta que cada uno de los pequeños se rendía y se iba durmiendo. No se podía permitir que algún vecino se quedara sin cenar y se compartían las judías y las castañas. Después todos se juntaban y tomando una copita de aguardiente brindaban por el niño Dios.”
-” ¿Y no había árbol de Navidad?”, preguntó otra vocecilla.
-”No, mi pequeño niño, no existía el tan deseado árbol para nosotros que destroza nuestros campos y las montañas.”
-” ¿Y tampoco había turrón, pavo o mariscos?”.
-”Pues no, tampoco había, pero sí había Amor, Paz, y se sabía compartir con todos. Las familias estaban unidas, pero unidas de verdad, el padre no llamaba desde un móvil diciendo que sentía no poder venir por asuntos de negocios, la madre no dejaba a los niños con una canguro por tener que ir a una fiesta.”
-”Pues a mí, mi madre”, decía la carita sonrojada y pecosa “nos deja con una chica que nos deja jugar con la videoconsola todo el rato mientras ella se va a la cocina con sus amigos.”
Los chicos, emocionados, preguntaban una y otra vez; “¿y Papá Noel?, ¿y Papá Noel?”.Y cada vez con menos fuerza el árbol les contó que tampoco existía, que en aquel tiempo venían los Reyes Magos que regalaban caballitos de madera y muñequitas de trapo.
-”Pero, antes de que digáis nada, os tengo que explicar que aquella tradición era preciosa. Los papás y la mamás cantaban siempre la historia de los reyes... ¿la sabéis?”.
Entonces los niños, muertos de risa, dijeron al árbol, cada vez más moribundo: “los Reyes, los Reyes no existen, los regalos los compran nuestros padres, pero no esas cosas que tú dices, a nosotros nos compran ordenadores, bicis de montaña...”.
-”Pero, bueno, cuéntanos la historia de los Reyes”.
-”Creo, pequeños, que mis fuerzas se acabaron”.
Y otra voz preguntó; “¿qué es el Espíritu de la Navidad?, porque esto que nos has contado es un royo.
-”Es el Amor”,….y nuestro Espíritu murió.
Ahora tenemos una pequeña semilla esperando ser plantada en nuestros corazones, mientras tanto hay regalos y fiestas, muy poco de familiaridad y menos de compartir. Todos nos sentamos juntos a la mesa, pero deseando levantarnos. Se nos ha muerto el Amor.Ojala plantemos esa semilla y nos crezca el más bello de los árboles y sepamos cuidarlo cada día de nuestras vidas. FELIZ NAVIDAD

viernes, 27 de noviembre de 2009

Tiquitiqui

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Para mi amigo Anselmo, sin el que este cuento no hubiera visto la luz, al amor que siente por la naturaleza y sus habitantes... porque, aunque me haga rabiar cuando nos juntamos, sé que en el fondo me quiere igual que yo a él.

Con todo mi cariño para ti, Anselmo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La capa del duende



Cualquier atardecer es bueno para comenzar esta historia. El país donde ocurrió ha sido visitado por todos nosotros en más de una ocasión:”El país de los sueños”...

Comenzaba a anochecer cuando un pequeño ser decidió visitar este bello país, se llamaba Bolita y era un duende muy, muy tímido.

Como era muy tarde cuando llegó, decidió dormir apoyado en una seta. Al amanecer el rocío salpicó su cara y Bolita se despertó...
-” ¡Oh!”, exclamó, “¡qué lindo país!”
Nunca había visto nada igual; los soles eran verdes, las montañas azules y había miles de margaritas. No pudo contener la emoción y dio un gran grito que fue escuchado por todos los soñadores.

-” ¿Qué ha ocurrido?”, dijo desperezándose la montaña.
-”Ha sido el grito de un duende”, contestó una margarita,”conozco ese grito.”
-” ¡Oh, no!, todos se han despertado”, pensó Bolita,
“¿y ahora qué puedo hacer?”
-”...Un duende... ¿qué duende?”, seguía preguntando la montaña.
-”Soy yo”, dijo Bolita con voz entrecortada y nerviosa,”me llamo Bolita y vengo del país de la ilusión a pedir ayuda”.
-” ¿Ayuda?...y para qué”, le gritó una margarita mientras peinaba sus lindos pétalos naranja.

-”Vengo del país de la ilusión”, comenzó diciendo nuestro pequeño amigo mientras, sonrojado, sacaba su carita de detrás de la seta,”allí hemos perdido la magia y la esperanza quiere marcharse, y la ilusión sin magia y sin esperanza no puede existir,
Por eso es que todas las hadas y duendes que vivimos allí hemos salido a buscar ayuda... ¿podréis ayudarme?”
-” ¡Oh, sí!”, dijo la montaña,” ¿cuánto tiempo tienes?”
-”Creo que poco”, respondió Bolita.
-” ¿Como cuántos soles?”
-”Dos o tal vez tres, con un poco de suerte”.
-”Pues si que es poco”, dijeron todos.
-”Lo tengo, lo tengo”, dijo una araña plateada que tejía una linda tela roja.”Invoquemos a todos los soñadores para que nos ayuden”.
-”Sí, sí, sí”, decía ilusionado Bolita,”es genial”
-”Pues manos a la obra, amigos”


Cuando el sol ya había desaparecido todavía nadie tenía la solución y Bolita se impacientaba mientras que en el país de los sueños todos trabajaban con alegría para ayudar a nuestro amigo. Ya el segundo sol se ocultaba y ningún soñador había hablado.
-”Creo”, dijo Bolita,”que ya no podemos hacer nada”.
-”Nada, ¿qué es nada?”, preguntó la seta.
-”No existe la nada”, contestó el viento.
Y triste, como todos los tristes, Bolita se durmió y en sus sueños fue transportado al país de la ilusión, donde todo era mágico y bello y el verde era más intenso. La esperanza y la magia de los sueños habían alimentado a la decaída ilusión y todo volvió a ser como antes.
-” ¿Qué es esto?”, dijo incómoda la seta.
-” ¡Oh, es la capa del duende!”
Aunque tal vez no fuera una capa sino su timidez que dejó allí olvidada.

jueves, 29 de octubre de 2009

El viejo puente


Corrían aires místicos por aquellos parajes, más aires que místicos, diría yo, después del paso del tiempo.
Un puente de madera sostenía nuestras ilusiones y sueños guardando los secretos que le permitían sus viejas fuerzas (por decirlo de una forma elegante).

Aquellos eran tiempos de felicidad; un reloj marcaba incesantemente las horas en Re, que son las horas felices, todo era tan sencillo como la luz de una vela o un lavabo compartido. Yo escribía historias de dragones y princesas y él cantaba canciones de Amor y denuncia... así corrieron años de confidencias y complicidad.

Pero en aquella historia aparecieron también las hermanas siniestras, que no tardaron en desplegar su oscuro velo de tristeza, machacaron nuestras ilusiones de niños y nuestras verdades (olvidaba mencionar que mi amigo es un citruéñigo blanco y estos citruéñigos, como todo el mundo sabe, están hechos sólo de Verdad), enterraron lo único que él creía en una fosa común para que nunca pudiera encontrarlo y se alejaron en la oscuridad como sólo saben hacerlo los cobardes.
Entonces mi citruéñigo sintió dolor y se sellaron sus labios. Ya no hubo confidencias en el viejo puente y los cuentos de princesas se convirtieron en historias de brujas y nuestro reloj común dejó de marcar las horas en Re.
Como quien perdió todo, mi citruéñigo, comenzó a pulular por los rincones sin más carga ni equipaje que un Amor por conjugar y con miedo, tanto que decidió mirar a través de sus cristales para evitar que los aires de tristeza, que las hermanas siniestras habían traído, empañaran su corazón (aunque hubo quien decidió pensar que se escondía detrás de ellos).
...Pasaron muchos inviernos hasta que un rayito de Paz llegó de nuevo a nuestras vidas, tengo que decir que el que llegó a la mía aún sigue aquí (y espero que nunca se vaya) y los dos rayitos que llegaron a la suya también están aquí, calideciendo su alma.
Y los tiempos de tristeza fueron y vinieron, pero cada vez venían más de frente y se marchaban con la luna llena para que así, al menos, podamos ver hacia dónde se dirigen. Los rayitos de Paz trajeron en sus manos un reloj nuevo, que ya no marca las horas en Re pero sí en La Mayor.
Espero que algún día mi citruéñigo me pida que busquemos esa fosa y rescatemos a su Dios que aún permanece debajo del puente.
Hoy también corren aires, pero ya no llevan tristeza, son aires de Paz cargados de ilusiones nuevas y compartidas por duendes y hadas que son escudos perfectos contra las hermanas siniestras.
Ahora vamos construyendo nidos para vivir que sostienen nuestros corazones llenos de Paz.

La palomita

Esta palomita la encontré en un blog y es un homenaje a mi padre que ha fallecido, con vuestro permiso; él siempre las hacia para mí, un beso y gracias.

martes, 27 de octubre de 2009

La bota peregrina


Caminaba como siempre por senderos solitarios, sus amigos eran los arroyos que le ofrecían sus frescas aguas para aliviar el calor de una dura jornada. Un poco cansada, nuestra vieja bota, decidió dar una cabezadita para más tarde retornar el camino. Observó asombrada que a su lado y muy de cerca, la miraba otra bota reluciente con todos sus colores brillantes, sin ningún rozón y con dos velcros rojos para poder abrocharse. Era de color blanco inmaculado y sus adornos y tachuelas en rojo y plata… ¡que bonita era!, casi le dio vergüenza saludarla por su aspecto tan desangelado. Ella estaba descolorida de tanto caminar, sus cordones, ya desgastados por el tiempo, colgaban sin poder anudarse, sus tachuelas estaban oxidadas por la lluvia y el sol y su voz había quedado ronca por el polvo de los camino. Algún roto asomaban por sus suelas, pero… dejó los complejos a un lado y le preguntó:
-… “Bueno ¿y cómo has llegado hasta aquí?”
Mirándola con aires de superioridad, como todos los superiores, respondió:
-“Pues accidentalmente, ¿cómo sino? Iba de viaje en una caja de madera preciosa, charlando animadamente con mi compañera, cuando el coche dio un giro inesperado y caí. El golpe fue tan duro que me desmayé y al despertar me vi en este horrible lugar y sola. Después de mirar, observé que tú dormías y me acerqué a ver si podrías ayudarme a encontrar mi camino, pues yo iba con más botas a una tienda de diseño, claro que el lugar no lo recuerdo, pero si veo la tienda sí.”
Después de escucharla, la vieja bota contestó:
-“El camino será duro y a veces hay que andar kilómetros, tanto haga frío como calor, llueva o tengamos barro.”
-“Qué horror, yo no he nacido para esto, con mi juventud y mi belleza. Tú, por el contrario, sí. Eres tan vieja y tan fea… imagino que me darás prioridad a la hora de escoger los mejores caminos y parar cuando esté cansada. Yo soy de ciudad y sé mucho más que tú, seguro que no sabes nada de diseño y no habrás alternado con la gente que he alternado yo”.
- “¿De dónde habrá salido una bota tan remilgada?” se preguntó, “cierto es que de esas cosas de las que me habla mucho no sé, pero a ver cómo se las compone mañana por estos montes y matorrales y cómo se guarecerá de la lluvia”.
- “Bien, jovencita, será mejor que descanses, mañana comenzaremos el camino bien temprano.”
- “Yo no estoy acostumbrada a madrugar”.
-“Pues yo tampoco a esperar a nadie, soy una bota peregrina, lo soy desde que tengo uso se razón. Camino por lugares inimaginables, me mojo, me ensucio, pero lo que la naturaleza me ofrece creo que tú jamás lo has visto.”
-“Qué asco”, pensó nuestra nuestra joven bota,”se ensucia, se moja y…¡ pretenderá que yo haga lo mismo!. ¡Peregrina! vaya oficio, pero… mañana veremos”
A la mañana siguiente la vieja bota comenzó su camino, no le gustaba perderse el amanecer de un nuevo día, después de andar un gran trecho escuchó los pasos apresurados de su joven compañera que con la voz entrecortada por el cansancio le dijo:
-“¿Cómo no me has despertado? Quedamos que yo ponía las normas.”
Después de reírse un gran rato la vieja y astuta bota le dijo:
-“Eres muy ingenua y muy prepotente para necesitar de los demás, ya te dije ayer que yo soy una bota peregrina y aventurera y si quieres permanecer a mi lado un tiempo en mi vida tienes que saber que no hay normas”.
Caminaron de forma diferente; una feliz, descubriendo paisajes nuevos, puestas de sol de colores extraordinarios, valles verdes con manchas rojas, blancas y amarillas por la cantidad de flores diferentes. La otra, amargada porque comenzaba a ensuciarse y su prioridad era un riachuelo para lavarse.
-“No te mojes tanto pequeña, apagarás tus colores y desgastaras tu tela. Dale valor a lo importante y disfruta de estos paisajes tan bellos, parecen estar pintados con témperas o acuarelas”.
-“Pintados dice, loca es lo que está, ¿crees que tardaremos mucho en llegar a mi destino?”.
-“Pues si te soy sincera no estoy muy segura, ni siquiera sé si lo encontraremos”.
…Y siguieron caminando. Nuestra vieja bota, al ver a la jovencita tan triste, malhumorada y sin disfrutar, comenzó a contarle una historia de sus andadas y poco a poco la joven bota se interesó más y más hasta tal punto que olvidó dónde quería ir y al mundo tan poco verdadero al que pertenecía. Se fue encariñando con la vieja bota. Comprendió después de muchos kilómetros vividos a su lado que eso sí era vivir y que una bota no ha nacido para estar en una exposición hasta que pase de moda y sea arrinconada en el almacén de la tienda de diseño.
Y comenzó a disfrutar de los caminos, saltando en los charcos, guareciéndose del frío entre dos grandes rocas, descansado en grandes arboledas y aprendiendo de las experiencias de su amiga la vieja bota, porque bien cierto es que el hábito no hace al monje pero la edad si te hace sabio y no la belleza exterior. Aprendió que cualquier camino en la vida es hermoso y respetable y decidió ser una bota peregrina y así tener vivencias que poder contar.

..Tanto anduvieron que juntas llegaron a FINISTERRE.

…bueno Amigo Gringo aquí tienes el cuento que me pediste, si te fijas las peregrinas son muy peculiares espero que te guste,
con cariño, Nati del Barco.

viernes, 23 de octubre de 2009

Chocolateandonos de placer por Javi.

Uno de los regalos de Javi fue esta deliciosa tarta de chocolate que degustamos los que celebramos mi cumpleaños.

miércoles, 7 de octubre de 2009

La ciudad de las plantas verdes

Este cuento está dedicado a Indira y Nerea para que igual que ahora disfruten siempre de lo nuevo.
Con todo mi cariño Nati del Barco
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viernes, 25 de septiembre de 2009

El hada sin alas




En el bosque de los elfos, duendes, hadas, enanitos de la suerte…vivía un hada sin alas que estaba muy triste porque no podía volar y esto la limitaba mucho, así que siempre que pasaba una estrella fugaz, le pedía sus alitas, cuando cumplía años, su deseo eran sus alitas… lo malo que un hada no puede realizar deseos para otra hadas.
Tanto elfos, duendes, enanitos y demás habitantes pensaron en todo lo pensable, realizaron todas las cosas, como lo hacen los realizadores de cosas… pero sin obtener resultados.
Nuestra hada caminaba por el bosque y se sentó en una seta de las de lunares, sus piececitos quedaban colgando y de repente escuchó: -“Eva”, que era como se llama nuestra hada… -“¡Siii!”-era el ciempiés que le pedía ayuda para llegar a sus manos. Cuando estuvo cerca de ella le dijo: -“he oído por el bosque que estás muy triste porque no tienes alas, imagina que fueses verde, lento y con cien pies, debería ser rápido pero yo estoy contento, tengo muchos zapatos, lo veo todo abajo y eso es muy interesante, piensa en todo lo que puedo ver”… -“¡si!”, dijo Eva, “pero un hada sin alas ¿qué es?”.-Pues un hada encantadora, con una voz que no tienen ni las sirenas, amable con todos, mientras tu tristeza por las alas te agria el carácter, con toda tu altura que te permite casi volar si te montas en el columpio de flores, …cierra los ojos, será una sensación maravillosa. Además; deja de llorar, cambia tus lágrimas por sonrisas, eso hará que los habitantes del bosque estemos más felices porque tú lo estás y no pierdas la esperanza, mientras concedes deseos con tu varita de luna y recuerda….sobre todo, canta.
Eva se quedó pensando y comenzó a cantar y hacer lo que las hadas saben hacer.
Y un día cualquiera de cualquier mes alguien que pasaba por el bosque y escuchó su voz, quedó muy impresionada y se preguntó qué podría hacer para conocer a la dueña de esta voz y el ciempiés, que escucha los pensamientos más ocultos dijo: “Eva, Eva, canta de nuevo y grita tu deseo” y comenzó a cantar, emocionando de tal manera a esta señora que no pudo evitar que unas lágrimas rodaran por su rostro y fueran a parar sobre la espalda de nuestra hada que, mojada, corrió a resguardarse a toda prisa y olvidó pedir su deseo, aunque aquel día se fue a dormir más animada.
Al amanecer, al día siguiente, todos señalaron a Eva y algunos tartamudearon: “mi i-i- ra,
tu -tu-tu es-pal-al-da”, Eva se giró y dos alas trasparentes y brillantes salían de su espalda.
Su alegría era tan grande, que corría, saltaba, volaba y disfrutaba de su mágico día, llevando con ella a su amigo el ciempiés.
Como no pudo ver quién la escuchó decidió cantar todos los días a la misma hora por si pasaba la señora y así podría darle las gracias.
…Si caminas por el bosque y una canción te emociona no lo dudes, tu oído no te engaña, es el hada con alas… Eva.



Para mi hermana Eva Alén Alcañiz por
Tu voz, por tu magia y por dejarte querer
Con retraso en el día de tu cumpleaños
Besos de tu hermana NATI
TE QUIERO

martes, 15 de septiembre de 2009

Por Cigarrear


Esta es la historia de una voz que cayó un día del cielo, porque un angelito jugaba a hacer el pino en una nube mientras que con lluvia limpiaba su arpa. Muy preocupado corrió a decirle al Señor que había perdido su voz y Dios, sonriendo, le dijo:
-”Tu voz está en la tierra y otro ángel va a encontrarla. Cada vez que él cante, eso sí, te dejaré escucharla.”
Dios andaba muy preocupado por el cielo esos días porque no podía darle esa voz a cualquiera. Tenía que ser alguien muy importante. Pero como Él tenía mucho trabajo y mucha gente que atender mandó a una de sus estrellas para buscar a la personita que iba a ser instrumento de esa voz.
La verdad es que la estrella que envió era un poco despistada. Anduvo y anduvo por muchas ciudades, sin contar las veces que pasó por las mismas sin acordarse.
Un poco cansada de no encontrar a nadie decidió dar un tranquilo paseo a hombros de una paloma y volver al cielo para darle la noticia a Dios. Entonces la paloma se posó en una montaña a beber las gotas de plata que flotaban en una flor bañada por el rocío de la mañana. En ese momento fue cuando la estrella vio al niño, que sentado en una roca miraba al cielo con carita triste porque en su vida faltaban citruéñigos.
La estrella, emocionada, dijo a la paloma:
-”Tú le darás la Paz, yo la Luz y Dios la Voz” Y una flor, que despertaba a la vida, se unió a la fiesta y le regaló el Amor.
Este niño comenzó a caminar por la vida y conoció a muchos citruéñigos. Les dio luz y calor, les hizo sonreír, les enseñó a cantar y decidió vivir su vida entregado a Dios, pero no a un dios cualquiera sino al Dios de la alegría y la libertad.
Por eso su Paz puede tocarse, porque se la regaló una paloma con alas de libertad. Por eso brilla en la oscuridad, porque una estrella le salpicó con polvos de luz. Su amor es puro y fresco como el aroma de una flor cuando nace. Y su voz es un regalo de Dios.
Cada vez que el niño canta, un angelito en el cielo con carita picarona se asoma entre las nubes y sigue su melodía con el arpa. Por eso cuando el niño está triste y no canta un angelito llora.

Si alguna vez una luz te ciega con aroma de libertad y una voz te hace sentir en paz, sal corriendo y abraza a ese niño porque quererlo a él es como querer al mismo Dios.
Y así termina la historia...
No olvides que cuando caen cosas del cielo una estrella, algo despistada, baja a la tierra para regalarlas.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

lunes, 24 de agosto de 2009

Trepo


Hubo una vez un mundo, y en el mundo un país, y en el país una montaña, y en la montaña una lago con una isla, bueno, más bien era una islita pequeña y blanca llena de juncos altos y fuertes; pero en el centro de la mata de juncos había uno más pequeño aún, su nombre era Trepo.
Trepo era feliz en su isla: saludaba al sol por las mañanas, aprendía a mecerse con el aire, se alimentaba del agua del lago y la tierra blanca de su pequeña isla.
Hablaba con otros juncos, pero al final del día ocurría lo que más le gustaba... con la noche llegaban sus amigas las estrellas y “papá Dios”. Sabía quién era y se sentía feliz siendo junco, con su montaña y los demás junquitos.
Pero un día llegó una mariposa de colores, muy alegre, como todas las mariposas, y presumida, como todas las presumidas, y comenzó a halagar a Trepo...
Le dijo que su color era precioso, que era el que mejor se movía con el viento, que era el más alegre de todos los juncos... pero también le dijo que aquel lago era horrible, que su montaña era demasiado pequeña y sus amigos, los juncos, resultaban vulgares. Le contó que en el bosque en que ella vivía todo el mundo era elegante y feliz y todos admirarían a un junco tan alegre y tan guapo como Trepo.
La mariposa se marchó pero los pájaros de las dudas llenaron el corazón de Trepo que ya no era feliz con su lago, su montaña ya no le parecía hermosa y no volvió a hablar con las estrellas ni con “papá Dios” porque todo resultaba demasiado poco para el junco más especial de aquel país .Trepo se fue volviendo antipático y orgulloso y decidió marcharse al bosque del que la mariposa de colores le había hablado.

Atravesó el lago, la montaña y lentamente se internó en un bosque espeso y oscuro en el que, al poco rato, encontró a su amiga la mariposa de colores que fue presentándole, uno a uno, las setas, los árboles, los animalitos... y tal como ella había dicho todos admiraron mucho a Trepo (entre otras cosas porque, como todo el mundo sabe, en los bosques no hay juncos, y él resultaba la planta más exótica que había visto nunca). Pasó un día, una semana, un mes, tal vez un año en el que Trepo se fue sintiendo cada vez más solo porque los habitantes de aquel bosque se habían acostumbrado a ver a nuestro junquito y cada vez les pareció más vulgar y menos exótico. Siempre que intentaba hablar con alguien recordaba las largas charlas con el resto de sus amigos, los juncos, y lo bien que sabía el agua del lago o como brillaban la estrellas que en el bosque no podía ver nunca por las tupidas ramas de aquellos árboles.
“Papá Dios” era el único que estaba aún con él pero había una densa capa de orgullo rodeando su corazón que lo volvía impermeable al susurro de “papá”.
Y entonces, sólo y mustio, decidió volver a su isla, pero a medida que se iba acercando vio que el lago casi se había secado y que sus amigos los juncos estaban languideciendo de tristeza desde que se fue, hasta su montaña parecía ahora más pequeña. Pero en cuanto Trepo ocupó su lugar todo volvió a ser tan hermoso como antes; el lago volvió a llenarse de agua y los juncos se agitaron con el viento, las estrellas acudieron para cantarle y “papá Dios”, como antes, le abrazó. No había nada de vulgar en aquella isla y su lago, en aquella montaña, en aquel país o en aquel mundo y Trepo comprendió que todo era importante y que Dios sabe de cada pequeño pajarillo que muere.
Desde entonces en el lago, cuando todos duermen, entre el susurro del viento se puede oír la voz de Trepo, el pequeño junco, hablando con “Papá”.


La felicidad está dentro de cada uno.

lunes, 17 de agosto de 2009

domingo, 16 de agosto de 2009

Cacono


Pipo estaba cansado de sus juguetes y, un día un hombrecillo que vivía en la calle, le regaló una caja de plastilina para que creara los suyos propios. Pero le hizo una advertencia:
-”Cuida mucho todo lo que hagas, porque esta plastilina es mágica y todo lo que crees con ella cobrará vida a través del espejo”.
Pipo pensó que aquello eran historias para niños pequeños y comenzó a fabricar figuras sin preocuparse. Hizo un reloj que marcaba el tiempo en clave de Re, un hada que tenía un bonito traje azul, un duendecillo trovador que cantaba canciones de Amor a su hada y un barquito con velas de cartón. Después tiró el resto de la plastilina en su caja de juguetes.
Durante ese día jugó varias veces con las figuritas que había hecho pero se olvidó rápidamente de ellas como solía hacer con los juegos que le regalaban.
Llegó la noche y, en la oscuridad de la habitación, los juguetes fueron tomando vida. El reloj marcaba insistentemente las horas felices: la hora de comer, la hora de jugar...las horas en Re, el hada jugaba con su varita iluminando los diferentes objetos de aquella habitación, haciendo escala en los cuatro puntos cardinales...
Pero en el fondo de la caja de los juguetes los restos de plastilina comenzaron a tomar vida, convirtiéndose en Cacono, un globo hecho de remiendos de plastilina del que colgaba una pequeña cesta que era una caja de cerillas vacía. Todos se divertían mucho durante la noche pero cuando el reloj marcaba el día padecían la indiferencia y el desprecio de su dueño.
Pasaron muchos desayunos, meriendas y cenas hasta que Cacono, una noche de lluvia de estrellas, descubrió el espejo del pasillo oscuro...Era una zona de la casa que nunca visitaba nadie, pero él, aburrido de dar vueltas en la misma habitación, decidió inspeccionar la casa. Aquel espejo reclamó enseguida su atención, porque reflejaba las figuras en Azul Añil, y decidió atravesarlo.
Todo era luz tras el espejo, había un mundo maravilloso tras él, un inmenso pantano azul en el que nadie era dueño de nadie; un país sin propietarios ni opresores en el que cualquier juguete podía hacer siempre lo que quisiera, sin temer la llegada del día, el olvido del dueño o el plumero del ama de llaves, que aterrorizaba a todos los juguetes.
Rápidamente corrió a avisar a sus amigos que intentaron, uno tras otro, atravesar el espejo sin llegar a conseguirlo; porque eran criaturas que habían nacido de la voluntad de Pipo y no podían entrar en la tierra de los seres libres. Solamente Cacono podía pasar sin problemas, por haber nacido de la plastilina que el niño despreció. Había que buscarle una solución a este problema... Entonces recordó una enseñanza de su viejo amigo, el hombre que vivía en la calle:
-”Sólo se logra un deseo imposible invocando a los citruéñigos del desierto.”(Los citruéñigos son una especie de espíritus amigos que consiguen solucionar cualquier situación, por muy problemática que parezca.)
Cacono los llamó y acudieron rápidamente. En su presencia y con la ayuda de una estrella fugaz, todos atravesaron el espejo del pasillo oscuro.
Pasaron varios meses antes de que Pipo reparase en la desaparición de sus figuritas. Interrogó al ama de llaves, a su niñera y a sus padres pero nadie sabía dónde podían estar sus figuras de plastilina. Entonces corrió a preguntarle al hombrecillo de la calle que le contestó:
-”Cuando alguien da vida a algo tiene que cuidarlo, porque de lo contrario desaparece.”
Pipo volvió a casa triste, como todos los niños tristes, y enfadado, como todos los niños egoístas. Desde entonces el pasillo oscuro se ha llenado de luz y en las noches de lluvia de estrellas se escuchan carcajadas y canciones de Amor, y un “Tic-Tac” que marca para siempre las horas felices.

sábado, 8 de agosto de 2009

jueves, 6 de agosto de 2009

El constructor de rampas


Era un día de invierno, de esos días que huele a Navidad y el frío empaña los cristales, cuando las narices se ponen coloradas y las manos lilas...
Paseaba por la ciudad un aprendiz de carpintero, digo aprendiz porque nunca se sabe un oficio por completo, que observaba los edificios y sus detalles; las puertas, las ventanas, los tejados... y suspiraba por llegar a ser algún día el mejor de todos los arquitectos de la madera. Pensaba: “algún día haré la puerta de una catedral o quizás las ventanas de un famoso museo”, y así, soñando en las bellezas que haría, llegó a su destino.
Eran tan bonitos los trabajos que realizaba con la madera que un día el rey lo llamó a palacio para hacerle un encargo muy importante. Tenía que construir las escaleras más grandiosas de la historia. Estas escaleras serían el acceso al museo principal de la ciudad:
EL MUSEO DE LOS SUEÑOS POR REALIZAR.

El aprendiz de carpintero se introdujo en el edificio, aún por inaugurar, para verlo pues le llamó mucho la atención el tema del museo. Recorrió salas y salas de sueños por realizar mientras su mente pensaba en las grandiosas escaleras que sólo él habría de construir... le pondría peldaños de ocho centímetros y dibujos de dragones, el tono de la madera sería marrón rojizo o color miel, cuando de repente un sueño por realizar llamó su atención. Era el sueño de un ser diminuto (que no es una persona pequeña) que nunca podía ir al cine, los teatros, museos, hospitales sin ayuda porque no podía subir las escaleras, algo que ocurrió en el pasado se lo impedía y esto hacía que no se sintiera feliz. Nuestro amigo se quedó muy pensativo con este sueño, tanto que estuvo pensando en él toda la noche.

El día de la inauguración el Rey se vistió con sus mejores galas y todo el pueblo estaba allí, impacientes por contemplar las majestuosas escaleras que el Rey había prometido. Pero cual no fue su sorpresa al ver que aquello no eran escaleras sino una enorme y horrorosa RAMPA. -”Que venga inmediatamente a mi presencia el constructor de escaleras”, dijo el Rey.
Cuando el joven carpintero llegó, el Rey, más y más acalorado le preguntó: -”cómo te has atrevido a contradecir mis órdenes...”, y él emocionado le respondió:” Majestad, las escaleras no son importantes, yo he conseguido realizar un sueño”. Pero el Rey, muy enfadado lo mandó expulsar del reino a una lejana isla. Entonces destruyó la enorme rampa y mandó construir unas escaleras.

El Rey estaba muy contento con sus escaleras nuevas y cada año visitaba el museo sin darle importancia a los sueños por realizar. Se divertía subiendo y bajando aquellas escaleras pero cada año le pesaban más y los peldaños se le hacían más y más altos hasta que un día fueron inalcanzables para él y recordó al constructor de rampas que había desterrado. Entonces avisó a sus guardias: “pronto, buscad al constructor de rampas y traedlo a mi presencia”. Cuando los soldados llegaron a la isla descubrieron con sorpresa que aquel lugar inhóspito e inaccesible se había convertido en la ciudad de las rampas y todos sus habitantes tenían acceso a todos los lugares sin ninguna dificultad.
“Constructor de rampas”, -gritaron los soldados-,”el Rey os reclama a su presencia”.
Llegó por fin a la ciudad y el Rey se llenó de alegría al verlo de nuevo, entonces le dijo:”creo que me equivoqué y que los sueños son más importantes que estas estúpidas escaleras. Quiero que, desde ahora en adelante, tú seas el constructor oficial de rampas del reino y que todas las escaleras queden abolidas”.

Todavía quedan en el mundo constructores de escaleras, pero gracias a los constructores de rampas muchos sueños pueden hacerse realidad.

miércoles, 5 de agosto de 2009

lunes, 3 de agosto de 2009

viernes, 31 de julio de 2009

La princesa que quería ser rana


Esta es una historia de hadas, pero distinta a todas las demás. En esta historia había una ciudad grande, como todas las grandes, y mágica, como todas las mágicas, y en la ciudad un hermoso palacio en el que vivía una linda princesa.
Estaba rodeada de todos sus súbditos; un pequeño hombrecillo vestido de colores que saltaba continuamente a su alrededor intentando hacerla sonreír con un estúpido sombrero llenito de cascabeles que sonaban y sonaban al compás de sus torpes movimientos, dos damas de compañía, de culo gordo y mirada distraída, que hacían de sus días un auténtico aburrimiento...
Nuestra pequeña princesa suspiraba tras una de las ventanas de su hermoso palacio y soñaba que era una niña normal, jugando con otros niños, que podía comer con las manos y mancharse de barro, podía meter los pies en los charcos y llenarse la nariz con el almíbar de los caramelos.
Mientras suspiraba, el pequeño hombrecillo saltaba a su alrededor irritando más y más a nuestra princesa. Pero: ¿qué estaba pasando al otro lado de la gran ciudad?, otra niña soñaba con ser una princesa y tener vestidos de puntillas rosas y lazos en el pelo, llevar tirabuzones y tomar finos pasteles, dar clases de francés y ser admirada por toda la corte...y, entonces, algo extraño sucedió, no sólo sus pensamientos se cruzaron, saltando chispas de mil colores, si no que sus deseos se convirtieron en realidad.
De repente nuestra princesa se encontró en medio de la gran ciudad, rodeada de niños que tiraban piedras a las ventanas de un viejo almacén.
-"¡Qué divertido!”, pensó la princesa, y comenzó a lanzar piedras a las ventanas (tengo que decir, que para no haberlo hecho nunca, tenía muy buena puntería).
Saltó en los charcos, tomó dulces, se manchó de barro, corrió, cantó y fue feliz, pero al llegar la noche se sintió sola y perdida.
Todos los niños de la ciudad volvieron a sus casas y ella vagó por aquellas oscuras calles. No tenía miedo porque sabía que cuando el sol asomara por las montañas todo volvería a ser como el día anterior y jugaría, correría y no tendría que volver a soportar a sus odiosas damas de compañía, al estúpido hombrecillo y a los trajes llenos de puntillas y adornos que tanto la incomodaban.
Y decidió no volver a pensar en lo que un día le tocó ser, una princesita sin corona, porque a ella, lo que le gustaba realmente es ser una rana.
“Es mejor ser rana y bañarse en una charca que ser princesa y hacerlo en una bañera de plata”.
Para mi rana favorita, que un día llenó mi vida de sueños tan libres como el mar.

La niña de rizos negros


Todas las hadas dormían y los duendes del árbol añil pusieron un gran cartel en la puerta en el que se leía: “No molesten”. La niña de los rizos negros andaba muy triste, imaginaba su fiesta como la más bonita de todas; con globos, regalos y con todos sus amigos junto a la tarta... pero sus amigos estaban muy lejos esta vez. Tan sólo quedaba una pequeña mariposa revoloteando cerca de ella.

La niña se sintió tan triste que corrió a llamar a sus amigos, pero no estaban. El hada del pantano azul tuvo que salir y el rey de los colores andaba esos días en blanco y negro. Entonces la pequeña niña se entristeció.

Pero lo que no sabía es que las hadas no dormían sino que juntaban todos sus poderes para enviarle su magia, los duendecillos trabajaban incansables en su gran regalo; decidieron crear para ella la libertad. El hada del pantano azul le preparaba su mejor regalo y el rey de los colores andaba en blanco y negro porque unió todos los colores en una gran ilusión para ella.

Hoy las hadas despiertan, el cartel se cae, el hada vuelve al pantano y el rey de los colores resplandece para desearte: FELIZ DÍA MÁGICO.

lunes, 13 de julio de 2009

Amor en blanco

¿Cómo elegir una historia de entre todas las que hay que contar? ¿Cómo acertar a la hora de decir algo? Este es el primer relato de tantos que vendrán pero no es uno cualquiera. Con mucho Kariño para vosotros.



¿De qué color puedo amarte, si todas las mezclas se me agotaron ya?. Creo que lo haré en blanco, que es la negación de los colores pero no del Amor.

Después de vagabundear por corazones de amores no correspondidos encontraron la Luz y se cegaron de ilusiones. Durante mucho tiempo sólo se vieron y se amaron en silencio, en el silencio de los que aman con amor verdadero, hasta que el polvo de las estrellas salpicó sus vidas y comenzaron a compartirlas.

Llenas de proyectos caminaron, lentas, pero cada día más seguras. Hubo tiempos de tormentas y tiempos de Paz.

Hoy han decidido gritar al mundo que se aman en blanco, claro y oscuro. Hoy descalzan sus almas para encontrar lo más importante... aromas de sueños. Hoy se unen ante sus amigos pero su unión ya hace tiempo que es eterna. Su Amor es tan grande, tan sincero y profundo que todos queremos uno igual.

Juntas van a emprender una vida nueva y yo quiero que me incluyan en ella porque en mi baúl de recuerdos hay algo pendiente... ¿sabéis qué es?...
Cantar en una salita soleada por ese sol que calidece las almas, quiero que esto sea un Abril por vivir, que caminemos juntas, aunque cada una tenga su sendero, pero compartiremos las sillas de los caminos.

Y dijo el extraño hombrecillo:” y lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.”

El sendero está abierto, hermana, ahora tú tienes que continuar el camino. Besos.